viernes, 21 de noviembre de 2014

Envejeciendo...

Tengo una tendencia a relacionarme en algunas situaciones con gente mayor, me explico, si voy al médico las personas mayores me empiezan a hablar y yo como soy tan buena para escuchar, terminamos en conversaciones a veces bastante interesantes, así me pasa en otros contextos: haciendo fila en un teatro, en un bus, en un centro comercial, etc.

El punto es que cuando miro a estas personas las veo tan solas, desvalidas, con muchos impedimentos y siempre pienso ¿por qué no están acompañadas o por qué los dejan ir solos por esta ciudad de la "jungla"?. Generalmente, ellos me dicen su edad (60, 64, 67, 70...) y ahí me viene el nudo en la garganta, porque esa edad o incluso mayor que ese rango es la edad de mis padres. 

Entonces encuentro la respuesta automática, si yo no veo envejecer a mis padres, por qué habrían de hacerlo los demás, ay que maldita tristeza la que me da... mis papitos ya están viejitos y ni me había dado cuenta, viejitos y siguen trabajando sin parar, viejitos y siguen saliendo solos a las calles, viejitos y generalmente nadie los acompaña, nadie los ayuda... Ay Dios! al escribir esto se me vuelven agua los ojos.

Los padres a veces son como las naranjas que usamos para el jugo en las mañanas, si, esa es una buena palabra: USAMOS, cuando niños ellos son nuestro soporte: nos ayudan a crecer, nos enseñan nuestros valores y principios, la forma de comportarnos, de hablar, de ser, vaya tarea. ¿Y qué ganan? nuestra rebeldía, desprecio y algunas veces hasta la vergüenza por parte de sus hijos, hasta los niegan, y hablo por otros porque nunca me han avergonzado mis padres ¡ni más faltaba! 

Y cuando hacemos nuestras vidas, generalmente para qué los buscamos o más bien por qué... pues porque los necesitamos: para que nos traigan algo, para que nos cuiden los muchachitos que traemos al mundo, para que nos los mantengan o nos sigan manteniendo, para que nos den plata, para que nos cocinen, para que nos cuiden en la enfermedad, para que sigan cargando aparte de su propia existencia con la nuestra y la de nuestros allegados.

Muchos dirán que esa es la tarea de un padre o una madre, seguramente si, pero entonces ¿cuál es la tarea del hijo? ¿Exprimirlo hasta cuando por fin cierre sus ojos?

¿Cuántas veces nos damos cuenta de que ellos están enfermos, preocupados, cansados, aburridos, envejeciendo?... sería bueno hacer la cuenta. Cuántas veces nos dedicamos a agradecerles de la forma que sea lo que han hecho por estas criaturas que no han pedido venir al mundo, pero que tuvieron la suerte de tener unos padres honorables y responsables. Miremos alrededor y da horror ver qué clase de padres les han tocado a otros seres para los cuales parece que su destino está marcado para sufrir. 

En mi caso, cada día que pasa es un día menos, se agota el tiempo y solo clamo al Creador poder retribuir aunque sea un poquito lo que ellos me han ofrecido, clamo porque tenga tiempo para realizar todos esos sueños que tengo planeados para ellos. Si no ha de ser así solo quisiera dejar plasmado en este escrito lo que alguna vez quisiera decirles:

Papito y Mamita: infinitas gracias les doy, soy lo que soy gracias a Ustedes, por haberme dado la oportunidad de reencarnar a su lado, por permitirme crecer de su mano, por nutrirme de su ser y por darle forma al mio. Los amo y los bendigo inmensamente y si pudiese en la otra vida estar con Ustedes, tengan por seguro que los escogería nuevamente como mis Padres. Así sea!



Con amor sincero,

Alexandra

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cuando llegue la hora...

En estos días me encuentro bastante trascendental y una de las cosas que me ha puesto a pensar es esa famosa frase: "cuando llegue la hora". Hace poco me preguntaban a qué era lo que más miedo le tenía y no supe que responder, la persona que me hizo la pregunta me dijo: "¡pues a la muerte!" pero yo siento que no es así, no a la muerte no le siento temor, pero si a otras cosas...

Siento temor a la forma de morir...
Siento temor a dejar de ver las personas que amo... a no poder compartir más con ellas... a no poder abrazarlas, besarlas, acariciarlas...
Siento temor a no poder desprenderme de lo terrenal e ir tranquilamente a donde deba ir...
Siento temor al sufrimiento en cualquiera de sus formas...
Siento temor de no alcanzar a realizar mis sueños a cumplir mis deseos...

Por eso cada día trato de vivirlo al máximo, de mejorar tantos errores y de amar sin medida, tratando de llevar un camino iluminado por el Padre Celestial... ¡Así sea!

Con relación al tema me llegó el siguiente poema de autor desconocido y que espero tenerlo presente, por supuesto mientras viva...

Prefiero que compartas conmigo unos minutos, ahora que estoy vivo y no una noche entera, cuando yo muera.
Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no que apoyes tu cuerpo sobre mi cadáver, cuando yo muera.
Prefiero que me hagas una breve llamada ahora que estoy vivo y no que emprendas un inesperado viaje, cuando yo muera.
Prefiero que me regales una sola flor, ahora que estoy vivo, y no que envíes un hermoso ramo, cuando yo muera.
Prefiero que eleves por mí una corta oración, ahora que estoy vivo, y no una eucaristía cantada y concelebrada, cuando yo muera.
Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo, y no un desgarrador poema, cuando yo muera.
Prefiero que me escribas unas cortas palabras, ahora que estoy vivo, y no un poético epitafio sobre mi tumba, cuando yo muera.
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles tuyos, ahora que estoy vivo, y no de grandes manifestaciones de pesar, cuando yo muera.

Con amor infinito, Alexandra.